Cada pieza que sale de nuestro laboratorio sigue un protocolo documentado de consolidación, limpieza y réplica. Aquí se explica cómo trabajamos y qué estándares aplicamos antes de entregar un ejemplar a una institución.
El trabajo de preparación y excavación que realiza el colectivo se apoya en acuerdos estables con museos de historia natural, departamentos de geología universitarios y asociaciones dedicadas a la conservación del patrimonio fósil. Estos vínculos permiten que cada pieza extraída tenga un destino claro: estudio académico, depósito en colección pública o exposición.
Para las campañas de campo, la colaboración se traduce en permisos de prospección, cesión de espacio de laboratorio y revisión conjunta de los protocolos de extracción. Esa supervisión externa es parte del control de calidad que aplicamos a cada ejemplar antes de que salga del yacimiento.
No preparamos fósiles de catálogo ni montamos vitrinas con réplicas de escayola. Cada ejemplar que sale de nuestras manos conserva la información del yacimiento: la capa de sedimento, la orientación del hueso, las marcas de alteración previas a la extracción.
Esa documentación es la que permite a un investigador saber si una vértebra cayó antes o después de la fosilización, o si las fracturas son de origen tectónico o de la propia excavación. Es la diferencia entre entregar un hueso limpio y entregar un dato fiable.